Índice de contenidos:
- 1 Qué tener en cuenta si viajas a Noruega en autocaravana
- 2 Ruta concentrada en autocaravana por Noruega en 14 días
- 3 Viaje largo en autocaravana por Noruega en 26 días
- 4 Oslo
- 5 Drammen
- 6 Heddal (Stavkirke)
- 7 Rjukan
- 8 Stavanger (Preikestolen)
- 9 Kjeragbolten
- 10 Bergen
- 11 Flåm
- 12 Nærøyfjord
- 13 Sognefjellet
- 14 Geirangerfjord
- 15 Ålesund
- 16 Trollstigen
- 17 Molde
- 18 Kristiansund
- 19 Trondheim
- 20 Namdalen
- 21 Brønnøysund (Torghatten)
- 22 Helgelandskysten (Ruta escénica)
- 23 Bodø
- 24 Islas Lofoten (Reine, Henningsvær, Svolvær)
- 25 Vesterålen
- 26 Tromsø
- 27 Lyngenfjord
- 28 Nordkapp (Cabo Norte)
¡Bienvenido de nuevo, amigo viajero! Soy Raúl, de Autocaravaners, y hoy quiero hablarte de una de esas rutas que todo autocaravaner sueña con recorrer alguna vez en la vida: un viaje por Noruega en autocaravana. Sin duda, uno de los mejores viajes en autocaravana por Europa.
Dado que nos encontramos en el sur del continente, el primer dilema suele ser: ¿viajar desde España hasta Noruega con nuestra autocaravana o alquilar una allí? En mi opinión, lo tengo claro: el alquiler en Noruega es bastante caro comparado con lo que estamos acostumbrados en España. Además, recorrer Europa de sur a norte es, por sí solo, una experiencia inolvidable. Así que, si ya tienes autocaravana o estás pensando en alquilar una, hazlo desde España y comienza la aventura desde casa.
A continuación, te presento dos opciones de ruta para descubrir Noruega sobre ruedas: una versión compacta de 14 días y otra más completa de 26 días. Elige la que mejor se adapte a tu tiempo y estilo de viaje. Primero te detallaré la ruta larga y, a partir de ahí, podrás personalizarla a tu gusto acortándola si así lo deseas. ¡Arrancamos!

Qué tener en cuenta si viajas a Noruega en autocaravana
Lo primero que te diría es que Noruega es un país caro. Muy caro si lo comparas con España. La gasolina, la comida y cualquier servicio básico tienen un precio mucho más elevado. Por eso, si puedes, te recomiendo llenar bien la despensa antes de salir de casa. Yo llevé latas, pasta, arroz, embutido al vacío y varios productos secos que me salvaron muchos días. No se trata de no consumir allí, pero sí de evitar pasar por caja en cada comida.
Otro consejo práctico: lleva siempre contigo una tarjeta que no cobre comisiones por cambio de divisa. Aunque Noruega no forma parte de la eurozona, el pago con tarjeta está tan extendido que apenas necesitarás coronas en efectivo. Aun así, llevar algo de moneda local no está de más para sitios más remotos.
En cuanto a las fechas, lo mejor es viajar entre finales de mayo y principios de septiembre. Las carreteras están completamente abiertas, los paisajes verdes y, si llegas al norte, podrás vivir la experiencia del sol de medianoche. Eso sí, reserva con antelación si viajas en julio o agosto, sobre todo en zonas muy turísticas.
Para circular por Noruega solo necesitas tu permiso de conducir español (tipo B), y la mayoría de las señales son fáciles de entender. Vas a encontrar muchísimas áreas para autocaravanas, tanto gratuitas como de pago, bien acondicionadas y en lugares espectaculares. Algunas requieren pago online o por app, así que mejor lleva el móvil a mano y bien cargado.
Por último, acuérdate de que muchas carreteras y túneles tienen peajes automáticos. No hay barreras ni cabinas. La matrícula queda registrada y te llega la factura a casa semanas después. Puedes registrarte en el sistema Epass24 para llevar un mejor control y evitar multas.
Ruta concentrada en autocaravana por Noruega en 14 días
Si no dispones de mucho tiempo para conocer en autocaravana la tierra de los fiordos noruegos, aquí tienes una ruta concentrada que te recomiendo para hacerla en 14 días.
- Día 1: Oslo
- Día 2: Heddal – Rjukan
- Día 3: Stavanger – Preikestolen
- Día 4: Kjeragbolten
- Día 5: Bergen
- Día 6: Flåm – Nærøyfjord
- Día 7: Sognefjellet – Geirangerfjord
- Día 8: Trollstigen – Ålesund
- Día 9: Molde – Kristiansund
- Día 10: Trondheim
- Día 11: Brønnøysund – Torghatten
- Día 12: Helgelandskysten
- Día 13: Bodø – Ferry a Lofoten
- Día 14: Lofoten (Reine – Henningsvær – Svolvær)
Viaje largo en autocaravana por Noruega en 26 días
Si dispones de tiempo y recursos para dedicarle el tiempo que requiere un viaje largo en autocaravana por Noruega, esta es mi propuesta de 26 días que después te voy a desarrollar con más información. Estoy hablando de una ruta de 2.000 kilómetros de sur a norte, recorriendo los mejores puntos para conocer este país. Después tendrás que emprender tu viaje de vuelta a casa…
- Día 1: Oslo
- Día 2: Drammen
- Día 3: Heddal – Rjukan
- Día 4: Stavanger
- Día 5: Preikestolen
- Día 6: Kjeragbolten
- Día 7: Bergen
- Día 8: Flåm – Tren panorámico
- Día 9: Nærøyfjord – Gudvangen
- Día 10: Sognefjellet
- Día 11: Geirangerfjord
- Día 12: Trollstigen
- Día 13: Ålesund
- Día 14: Molde – Kristiansund
- Día 15: Trondheim
- Día 16: Namdalen
- Día 17: Brønnøysund – Torghatten
- Día 18: Helgelandskysten (ruta escénica)
- Día 19: Bodø
- Día 20: Ferry a Lofoten – Reine
- Día 21: Henningsvær – Svolvær
- Día 22: Vesterålen
- Día 23: Tromsø
- Día 24: Lyngenfjord
- Día 25: Honningsvåg
- Día 26: Nordkapp (Cabo Norte)

Oslo
Oslo fue el punto de partida de esta aventura en tierras noruegas, ya sea que vengas en AC desde España o que recojas la autocaravana en el Aeropuerto de Oslo-Gardermoen, te recomiendo que le dediques al menos un día completo antes de lanzarte a la carretera. Oslo es una ciudad tranquila para ser capital, con distancias muy manejables, perfecta para que te aclimates al estilo noruego y ajustes los últimos detalles antes de empezar la ruta.
Yo me alojé en Ekeberg Camping, a solo 10 minutos en transporte público del centro. Está en lo alto de una colina con vistas espectaculares sobre Oslo y el fiordo. Y aunque mi experiencia no fue muy positiva (baños, duchas y otros servicios dejan mucho que desear) es la que más cerca está a la capital.
La ciudad se puede recorrer cómodamente en un día. Lo primero que te aconsejo es pasear por la zona del Ayuntamiento y la Ópera, que están junto al agua y forman parte del nuevo Oslo moderno. Desde allí puedes caminar hasta Aker Brygge, un antiguo puerto convertido en zona peatonal con restaurantes y ambiente relajado. Si te apetece algo más cultural, tienes el Museo Munch y también el Vigeland Park, el parque de esculturas más grande del mundo creado por un solo artista, Gustav Vigeland. Es un lugar que impresiona.
Y si el calor aprieta (que lo dudo), debes saber que en Oslo puedes darte un baño en pleno centro. Hay varias plataformas flotantes en el fiordo donde la gente local se lanza al agua, incluso con temperaturas que para ti y para mí serían imposibles. Allí lo hacen como si nada.
Drammen
Desde Oslo tomé la E18 en dirección suroeste, y en apenas 50 minutos llegué a Drammen. Fue un tramo corto, perfecto para empezar a cogerle el pulso al viaje sin estrés. Ya desde el camino empiezas a notar cómo el paisaje urbano se va transformando en zonas verdes y riberas tranquilas.

En Drammen me instalé en un aparcamiento gratuito, justo al lado del río Drammenselva y a unos pasos del centro. Es gratuita, tiene zona de vaciado y se descansa de maravilla con el rumor del agua de fondo. Aquí tienes un link con más info.
La ciudad me sorprendió para bien. Drammen fue durante décadas una ciudad con serios problemas de contaminación industrial. Hoy es todo lo contrario. Se ha convertido en ejemplo de sostenibilidad urbana en Noruega, y eso se nota en cada rincón.
Paseé por su paseo fluvial, una zona completamente renovada con pasarelas de madera, cafeterías y zonas verdes. Todo muy pensado para el peatón. Subí también al famoso Spiralen, un túnel helicoidal escavado dentro de la montaña que lleva hasta un mirador espectacular. Merece la pena tanto por la vista como por lo curioso del trayecto, que parece sacado de una película de ciencia ficción.
Heddal (Stavkirke)
Desde Drammen tomé la E134 hacia el oeste. En poco más de 1 hora y 45 minutos llegué a Heddal, atravesando un paisaje cada vez más verde y salpicado de granjas y lagos tranquilos. En el camino pasé cerca de Kongsberg, una localidad con tradición minera que puede ser interesante si quieres hacer una parada, aunque yo preferí seguir directo hasta la iglesia.

Aparqué en el Heddal Stavkyrkje Parkeringsplass, un parking gratuito justo al lado de la iglesia, cómodo y amplio. No es un área habilitada para pernoctar, pero es perfecto para visitar la stavkirke durante el día. Después, lo más habitual —y lo que hice yo— es seguir hasta Rjukan para dormir allí.
Según la leyenda local, la iglesia fue construida en solo tres días por un troll llamado Finn, que puso como condición casarse con la hija del hombre que la encargó. Como no se cumplió el trato, Finn desapareció, pero dejó la iglesia terminada. Me pareció un detalle genial de la mitología noruega, que está presente en muchas de estas construcciones.
Visitar Heddal es como entrar en otra época. La stavkirke (iglesia) de Heddal es la más grande de Noruega. Fue construida en el siglo XIII, íntegramente en madera, y cuando te plantas frente a ella parece sacada de un cuento. La estructura tiene una forma escalonada con techos superpuestos, y cada detalle está lleno de simbolismo y mística. El interior conserva un ambiente oscuro, silencioso y sagrado, con ese olor a madera envejecida que te transporta siglos atrás.
Rjukan
Salí de Heddal por la E134 y después tomé la carretera 37 dirección Rjukan. Es un trayecto de montaña precioso, de unas 2 horas, donde ya empiezas a sentir que estás en una Noruega distinta: carreteras más estrechas, valles encajonados, ríos que acompañan el camino y una sensación de aislamiento que a mí me encanta cuando viajo en autocaravana.
En Rjukan pasé la noche en el Rjukan Hytte- og Caravanpark. Está muy bien ubicado, con vistas a las montañas y todos los servicios que puedas necesitar. Me pareció un lugar perfecto para descansar y planificar el día siguiente con calma.
Lo más impresionante de Rjukan es su entorno. La ciudad está situada en un valle tan profundo que, durante meses de invierno, el sol no llega a tocarla directamente. Para solucionarlo, en 2013 instalaron espejos gigantes en la montaña para reflejar la luz solar hacia la plaza del pueblo. Es una de esas historias que demuestran el ingenio noruego frente a los desafíos del paisaje.
Aparte de esa curiosidad, Rjukan también tiene mucha historia. Durante la Segunda Guerra Mundial fue clave por la planta de producción de agua pesada, un elemento esencial en los intentos nazis de desarrollar la bomba atómica. Aunque no hice el tour por el museo (aquí su página web oficial), es algo que puedes plantearte si te interesa la historia.
Lo mejor para mí fue tomar el funicular Krossobanen, que te sube a una meseta con vistas espectaculares del valle. Desde arriba, los paisajes son brutales, y si te gusta caminar, hay rutas de senderismo muy accesibles. Lamentablemente a fechas de publicar esta ruta de autocaravana por Noruega, el funicular está suspendido por seguridad por la Norwegian Railway Authority (SJT). Debes informarte en la página web del funicular para saber si en el momento de que quieras ir han solucionado estos problemas y vuelve a estar activo. Es una pena, ya que es una pasada, pero la seguridad es lo primero.
Stavanger (Preikestolen)
Comencé temprano saliendo de Rjukan y me dirigí de nuevo a la carretera 37, enlazando después con la E134 en dirección oeste y finalmente conectando con la E39 hacia Stavanger. Fue un trayecto largo, de unas 6 horas en total, incluyendo paradas y algún ferry obligatorio para cruzar los fiordos. Es una de esas jornadas de carretera que, aunque cansan, te regalan paisajes inolvidables: montañas, lagos y bosques que parecen salidos de una postal. Como el viaje es largo, aprovéchalo para hacer paradas clave.

En Stavanger me quedé en el Mosvangen Camping (la web la tienen en español), muy bien situado junto a un lago y con acceso directo al centro de la ciudad en transporte público o bicicleta. Es un camping grande, con buenos servicios y muy tranquilo, ideal para reponer fuerzas.
El principal motivo para llegar hasta aquí, y probablemente también el tuyo, es visitar el Preikestolen o “Púlpito”, uno de los lugares más emblemáticos de toda Noruega. Para hacerlo, al día siguiente conduje hasta el Preikestolen BaseCamp, donde se puede aparcar la autocaravana para iniciar la caminata. Son unas dos horas de subida y otras dos de bajada, con tramos exigentes, pero la recompensa es brutal: un saliente de roca de 604 metros de altura sobre el fiordo de Lysefjord. No te lo imaginas hasta que estás allí arriba.
Aunque parece muy expuesto, el Preikestolen nunca ha tenido una barandilla ni protección, y las autoridades han decidido mantenerlo así por respeto a la naturaleza. A pesar del vértigo, la sensación de libertad y de inmensidad no tiene precio.
Kjeragbolten
Puse rumbo hacia el Kjeragbolten tomando la carretera 13 en dirección sur, pasando por el fiordo de Lysefjord. Esta etapa me llevó unas 3 horas y media, aunque el tiempo puede variar según los horarios del ferry entre Lauvvik y Lysebotn, que forma parte de la experiencia. El trayecto es espectacular, con carreteras que serpentean por montañas y paisajes que te dejan con la boca abierta.
En Lysebotn me instalé en el Kjerag Lysebotn Camping Resort, un camping muy bien organizado, con cabañas y buenos servicios.
La caminata hasta el Kjeragbolten no es fácil, así que si tienes algún problema de movilidad o estás en muy baja forma, no te recomiendo hacerla. Son unas 6 horas entre ida y vuelta, con tramos muy empinados, roca desnuda y cadenas para ayudarte en la subida. Pero cuando llegas y ves esa piedra encajada entre dos acantilados a más de 1.000 metros de altura, te das cuenta de que ha merecido la pena. Subirse a la roca da vértigo —y yo no me atreví—, pero solo estar allí y verlo es una experiencia brutal.
El Kjeragbolten, aunque no te lo creas cuando estás allí, no está sujeta de ninguna forma artificial. Esa roca quedó encajada allí por procesos geológicos naturales tras la última glaciación. Y sigue allí, suspendida entre el cielo y el vacío, como un desafío para quien se atreve.
Bergen
Después de pasar la noche en Lysebotn, me tocó una de las jornadas más largas de carretera del viaje. Desde la zona del Kjerag tomé de nuevo la carretera 13 hacia el norte, enlazando con la E39 en dirección Bergen. Entre curvas, ferris y alguna parada técnica, tardé unas 6 horas y media en llegar. El trayecto es una aventura en sí misma: atraviesas valles profundos, saltas de fiordo en fiordo y cruzas túneles interminables, como el de Bømlafjord.

En Bergen me instalé en el Bergen Camping Park, un camping sencillo, funcional y bien conectado con el centro en transporte público. Tiene lo básico, pero suficiente para descansar y darte una ducha caliente después de una jornada intensa.
Bergen es una ciudad que te atrapa y es conocida como la ciudad más lluviosa de Europa. Llueve más de 200 días al año, así que no olvides el chubasquero. Aun así, el ambiente que crea la lluvia entre sus calles empedradas y edificios antiguos tiene su encanto.
Debes dedicarle al menos un día, es casi obligatorio. Es colorida, húmeda y con una personalidad muy marcada. Lo primero que hice fue visitar el famoso barrio de Bryggen, con sus casas de madera inclinadas que parecen salidas de una postal. Pasear por sus callejones es como viajar en el tiempo. Si te animas, puedes subir al monte Fløyen en funicular, desde donde tienes unas vistas espectaculares de toda la ciudad y los fiordos.
Flåm
Desde Bergen salí por la E16 en dirección este. Es una de las rutas escénicas más bonitas del viaje de Noruega en autocaravana, con paisajes de postal durante todo el trayecto. En total tardé unas 2 horas y 45 minutos en llegar a Flåm, atravesando túneles larguísimos —incluido el famoso Lærdalstunnelen, el más largo del mundo con sus 24,5 kilómetros—. Solo por esa experiencia ya merece la pena el tramo.

Una vez en Flåm, me quedé en el Flåm Camping og Vandrarheim, muy cerca del centro y con todas las comodidades. Tienes duchas limpias, electricidad, zona de vaciado y hasta lavadora. Además, estás a escasos minutos andando del fiordo, del tren y de las tiendas.
Flåm es pequeño pero tiene mucho que ofrecer. Aunque hoy es un punto muy turístico, Flåm fue durante mucho tiempo un pueblo prácticamente aislado, accesible solo por barco. El desarrollo llegó gracias al tren, que se construyó a principios del siglo XX para conectar con la línea principal Oslo–Bergen. Lo más famoso es el Flåmsbana, un tren turístico que sube hasta Myrdal en un recorrido empinadísimo y lleno de cascadas, túneles y vistas espectaculares. Te recomiendo reservar con antelación si vas en temporada alta, porque suele llenarse.
Nærøyfjord
Desde Flåm tomé la carretera 601 bordeando el fiordo hasta Gudvangen, y luego un pequeño desvío local hasta el área del Nærøyfjord. Es un trayecto muy corto, de apenas 30 minutos, pero tremendamente escénico. Cada curva te regala una vista diferente del fiordo, las montañas y alguna que otra cascada saliendo directamente de la roca.

Aparqué la autocaravana en el Gudvangen Camping, un lugar encantador rodeado de montañas verticales. Está justo al lado del fiordo, con acceso directo al agua, y tiene servicios sencillos pero suficientes para pasar una noche rodeado de naturaleza salvaje. Dormir aquí es una experiencia.
El Nærøyfjord es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y cuando lo ves, entiendes por qué. Es uno de los fiordos más estrechos del mundo, con paredes que se elevan casi en vertical a ambos lados. Te recomiendo hacer un pequeño crucero desde Gudvangen, incluso si ya has visto otros fiordos. Este es diferente, mucho más íntimo y silencioso.
El nombre “Nærøy” proviene de Njord, el dios nórdico del mar y del viento. El fiordo lleva su nombre porque se consideraba un lugar sagrado para los antiguos habitantes de la zona. Y lo cierto es que, cuando navegas por él, se siente algo especial.
Sognefjellet
Salí de Gudvangen tomando de nuevo la E16 en dirección a Lærdal, cruzando después hacia Gaupne y desde allí subiendo por la carretera 55, conocida como la Ruta Turística Nacional de Sognefjellet. En total fueron unas 3 horas y media de trayecto, con muchísima variedad de paisaje: túneles interminables, valles verdes, fiordos y, de repente, montañas nevadas incluso en verano.

Al día siguiente hice el tramo más alto de la carretera 55. Subes hasta más de 1.400 metros de altitud, atravesando el que es considerado el paso de carretera más alto del norte de Europa. En esta zona se han encontrado antiguos senderos de comercio que cruzaban las montañas en la época vikinga. Era una ruta clave para transportar sal, pescado seco y pieles entre el este y el oeste del país. Hay varios miradores donde puedes parar con la autocaravana, hacer fotos e incluso andar un poco por la nieve si aún queda algo. Lo más increíble es cómo pasas en pocos minutos del verde de los valles a un paisaje de alta montaña totalmente pelado, con glaciares y rocas grises.
Geirangerfjord
Desde la zona de Sognefjellet seguí por la carretera 55 hasta Lom y desde allí tomé la carretera 15 en dirección oeste, para finalmente enlazar con la carretera 63 que desciende hacia Geiranger. Fue una jornada de conducción intensa, de unas 4 horas, con varios tramos de montaña, miradores espectaculares y una bajada final que es de lo más impresionante que he vivido al volante.

Me quedé en el Geiranger Camping, un sitio muy bien ubicado junto al agua y al lado del pueblo. Tiene buenas instalaciones y unas vistas brutales del fiordo. Si llegas temprano puedes conseguir plaza sin problema, aunque en temporada alta conviene reservar ya que es un camping muy recomendado.
El Geirangerfjord es uno de los lugares más icónicos de toda Noruega. También está considerado uno de los fiordos más peligrosos del país debido al riesgo de desprendimientos masivos desde la montaña Åkerneset, que está siendo monitoreada constantemente. Estás rodeado de paredes de roca vertical, cascadas como la del “Siete Hermanas”, y un silencio que te atrapa. Te recomiendo hacer un minicrucero por el fiordo o alquilar un kayak si el día está tranquilo. Ver esas paredes desde el agua te cambia la perspectiva.
Antes de marcharte, sube con la autocaravana hasta el mirador de Flydalsjuvet, cuando veas el fiordo desde arriba, con un crucero anclado diminuto al fondo, te acordarás de esta recomendación y me lo agradecerás.
Ålesund
Una vez fuera de Geiranger, seguí por la espectacular carretera 63 en dirección norte, cruzando el ferry de Eidsdal a Linge, y enlazando después con la carretera 650 y más adelante con la E39 hasta llegar a Ålesund. Todo el trayecto me llevó unas 3 horas y media, incluyendo el cruce en ferry. Es una ruta muy variada, donde vas combinando fiordos, pequeños pueblos pesqueros y bosques que parecen no acabar nunca.

En Ålesund me instalé en el Volsdalen Camping (web en español), un camping sencillo pero muy bien ubicado, a solo unos minutos del centro y con vistas al mar. Tiene servicios básicos, sombra, buena atención y acceso directo al carril bici que va al centro.
Lo primero que te recomiendo hacer es subir al mirador de Aksla. Puedes hacerlo en autocaravana o a pie, si te ves con ganas. Desde allí arriba tienes una de las vistas más bonitas de toda la ruta: la ciudad se extiende como una lengua entre el mar y las islas, con sus tejados de colores y arquitectura Art Nouveau.
Y precisamente eso es lo que hace única a Ålesund en esta ruta autocaravanera por Noruega: tras un incendio en 1904, toda la ciudad fue reconstruida en estilo modernista, con fachadas decoradas, torres y formas curvas que no encuentras en ningún otro lugar de Noruega. Pasear por su centro es como recorrer una ciudad del siglo pasado, pero perfectamente cuidada y con aire marinero. Gran parte de la ayuda para reconstruir Ålesund tras el incendio vino del káiser Guillermo II de Alemania, que solía veranear en la zona. Gracias a él, la ciudad recibió apoyo económico y técnico para renacer con una estética completamente distinta al resto del país.
Trollstigen
Desde Ålesund regresé hacia el interior por la carretera 60 hasta Linge, y de ahí continué por la carretera 63 en dirección sur. El trayecto total hasta Trollstigen me llevó unas 2 horas y 30 minutos, incluyendo el cruce en ferry de Linge a Eidsdal si decides hacer la ruta circular. Esta carretera ya empieza a dar señales de lo que se viene: montañas imponentes, curvas cerradas y miradores que te obligan a parar una y otra vez.
Pernocté en el Trollstigen Camping & Gjestegård, un lugar muy recomendable, rodeado de naturaleza, con buenas instalaciones y muy cerca del inicio del tramo más icónico de la carretera. Hay parcelas amplias para autocaravanas y una tranquilidad que viene genial tras un día de emociones.
Trollstigen, que en noruego significa “la escalera del troll”, es una de las carreteras más famosas de toda Escandinavia. La subida consta de 11 curvas cerradas que se retuercen sobre la ladera de la montaña, con una pendiente que impone. Subirla con la autocaravana es una experiencia en sí misma. Eso sí: despacio, con cuidado, y disfrutando del paisaje. Aunque parece una maravilla moderna, la carretera original de Trollstigen fue inaugurada en 1936 tras ocho años de obras, y muchas partes aún siguen casi intactas. Cada invierno se cierra por la nieve, y reabrirla en primavera requiere un esfuerzo titánico.
En la cima hay un centro de visitantes moderno con pasarelas panorámicas que te permiten asomarte al vacío con vistas a la carretera, las montañas y la famosa cascada Stigfossen, que cae con fuerza al lado mismo del asfalto. ¡Alucinarás!
Molde
Al salir de Trollstigen descendí con calma por la carretera 63 hasta Valldal, y luego enlacé con la carretera 64 dirección norte, pasando por el túnel de Tussen y llegando finalmente a Molde. El trayecto duró unas 2 horas y 30 minutos, con vistas continuas al fiordo, praderas y pueblos pesqueros. Se trata de una etapa relajada, perfecta para tomar aire después del subidón que es Trollstigen. No estamos hablando de carreteras en las que puedes apretar el acelerador, así que ves con cuidado y tómatelo con tranquilidad.
Me alojé en el Kviltorp Camping, justo al lado del mar, con instalaciones muy completas, parcelas niveladas y unas puestas de sol que todavía recuerdo. Desde allí puedes llegar fácilmente al centro andando o en bici, lo cual se agradece después de muchos kilómetros de carretera.
Molde es conocida como la “ciudad de las rosas” por su clima suave y su tradición floral. Cada verano se celebra aquí el Moldejazz, uno de los festivales de jazz más antiguos y prestigiosos de Europa. Aunque no coincidí con las fechas, la ciudad respira música y cultura, incluso fuera de temporada.
Pero lo que realmente me atrapó fue la panorámica desde el mirador de Varden, a 407 metros sobre el nivel del mar. Desde allí puedes ver nada menos que 222 picos de montaña en el horizonte en un día despejado. Subí por la tarde y me quedé allí hasta que anocheció. Una experiencia que te deja sin palabras.
Kristiansund
Saliendo de Molde continué mi viaje en autocaravana por Noruega tomando la carretera 64 hacia el norte, cruzando varios túneles submarinos y fiordos hasta llegar a Kristiansund. Es una ruta preciosa, que incluye el espectacular Atlantenhavsveien o “Carretera del Atlántico”, uno de los tramos más emblemáticos de toda Noruega. El trayecto total fue de unas 2 horas y 45 minutos, aunque me tomé mi tiempo para parar en los miradores de este tramo entre mar y cielo.

Una vez en Kristiansund, me alojé en el Byskogen Camping, un lugar pequeño y sencillo pero muy bien ubicado junto al mar. Desde allí puedes ir andando al centro o moverte cómodamente en bici, ya que todo está cerca.
Kristiansund me sorprendió por su estructura: está formada por cuatro islas conectadas entre sí por puentes. Esto le da un aire muy distinto, con vistas al mar en casi cada rincón. Lo más interesante fue coger el Sundbåt, un pequeño ferry urbano que conecta las islas del centro desde hace más de 140 años. Es uno de los sistemas de transporte público más antiguos del mundo todavía en funcionamiento.
Fue uno de los primeros lugares en Europa en utilizar secaderos de bacalao al aire libre, y aún hoy es uno de los mayores exportadores de klippfisk. Incluso hay un museo dedicado a este tipo de salazón, por si quieres conocer la historia detrás de este ingrediente tan presente en la cocina local.
Trondheim
Salí de Kristiansund utilizando la carretera 70 en dirección este hasta Oppdal, y luego enlacé con la E6 rumbo norte hasta Trondheim. Es un trayecto de unos 4 horas, muy cómodo en cuanto a conducción, aunque no tan espectacular como otras etapas.

En Trondheim me quedé en el Trondheim Camping, situado a orillas del río Nidelva y con buenas instalaciones. Desde allí puedes llegar al centro en bici o en autobús en cuestión de minutos, así que es una base perfecta para explorar la ciudad sin mover la autocaravana. Tiene un minigolf que recorre el interior del edificio principal. Además, ¡tiene karaoke!
Trondheim es una de esas ciudades que no esperaba disfrutar tanto, pero que me enganchó desde el primer momento. Fue la primera capital de Noruega en la época vikinga y aún conserva ese aire histórico mezclado con modernidad. Además, es aquí donde encontrarás el único ascensor para bicicletas en cuesta del mundo, el Trampe, algo muy curioso si te mueves sobre dos ruedas. Tiene un centro compacto, acogedor y con mucho ambiente joven gracias a su universidad. Pasear por el barrio de Bakklandet, con sus casas de madera de colores y cafeterías junto al canal, fue uno de los grandes placeres del viaje.
La joya de la ciudad es la Catedral de Nidaros, uno de los edificios más importantes del país y el lugar donde, tradicionalmente, eran coronados los reyes noruegos. Su fachada de piedra y esculturas te deja con la boca abierta.
Namdalen
Esta etapa fue bastante relajada: alrededor de 3 horas y media de conducción por la E6, con paisajes que, aunque menos escénicos que en el sur, te muestran otra cara de Noruega. Carreteras flanqueadas por bosques, pequeños lagos y casitas rojas desperdigadas que parecen decorados de una postal rural.
Me instalé en el Namsos Camping, una opción muy tranquila junto al río Namsen. Tiene buenas instalaciones, zona para vaciado, electricidad y mucho espacio para moverte con comodidad. Es ideal además ya que tiene zona de baño en el propio río. Si vas con críos se lo pasarán pipa.
La región de Namdalen es una de las menos turísticas en esta ruta por Noruega en autocaravana, y eso le da un encanto especial. Aquí lo que manda es la naturaleza, la pesca y la vida tranquila. El río Namsen es conocido como uno de los mejores del país para la pesca del salmón. En el pasado era tan abundante que en algunos contratos laborales se especificaba que los trabajadores no podían comerlo más de tres veces por semana. Hoy, eso suena casi a lujo.
Brønnøysund (Torghatten)
Tomé la conocida como la Ruta Costera del Atlántico o Kystriksveien por la carretera 17 hacia el norte. Es una de las rutas más bonitas de Noruega, aunque algo más lenta que la E6. En total, el trayecto hasta Brønnøysund me llevó unas 4 horas, incluyendo un pequeño ferry en Holm. Pero cada kilómetro vale la pena: fiordos, laderas cubiertas de abetos, puentes colgantes y pueblos de postal.
Una vez en Brønnøysund, me instalé en el Torghatten Camping, muy cerca del mar y a solo unos minutos del famoso monte. Tiene todo lo necesario, con parcelas amplias, electricidad, zonas de baño, restaurante y una ubicación privilegiada para subir a pie a Torghatten sin complicaciones.
El Torghatten es una formación rocosa única: una montaña con un enorme agujero en el medio, como si la hubieran atravesado con una bala de cañón. La leyenda dice que el agujero fue causado por una flecha lanzada por un troll furioso, y que Torghatten es en realidad su sombrero, petrificado al amanecer. Como todo en Noruega, la mitología se entrelaza con el paisaje de forma natural. Se puede subir hasta la abertura caminando unos 30-40 minutos por un sendero con buenas vistas. Una vez allí, puedes cruzar literalmente por dentro de la montaña. Ver el mar y las islas a través del agujero es una de esas postales que no se olvidan.
Helgelandskysten (Ruta escénica)
Serpenteando hacia el norte junto a la costa, seguí por la carretera 17. Este tramo forma parte de la Ruta Escénica de Helgelandskysten, una de las más espectaculares de Noruega. El trayecto hasta la zona de Ørnes, donde decidí pernoctar, me llevó unas 5 horas en total, incluyendo varios ferris. La carretera es lenta, pero no querrás ir rápido: cada curva es una postal.
La Ruta de Helgelandskysten es naturaleza en estado puro: montañas que caen en picado al mar, islas esparcidas como semillas flotantes, y pueblos de pescadores que parecen detenidos en el tiempo. Esta zona está llena de islas con nombres imposibles, y muchas solo se pueden alcanzar en barco. Los niños que viven en ellas van al colegio en ferri cada mañana, como quien coge el autobús, para que se quejen los tuyos porque deben caminar 10 minutos….
Una de las paradas más curiosas fue al cruzar el Círculo Polar Ártico por carretera. No hay muchas señales que lo indiquen, pero ver la línea imaginaria que marca el paso al Ártico te provoca una sensación especial. Yo paré un momento, bajé de la autocaravana y lo celebré con un café caliente.
Bodø
Saliendo de Ørnes seguí por la misma carretera 17 del día anterior hacia el norte, hasta enlazar con la carretera 80, que me llevó directamente a Bodø. Esta etapa fue más sencilla que las anteriores, sin ferris, y me tomó unas 2 horas y media. El paisaje sigue siendo precioso, pero poco a poco se nota que te vas acercando a una ciudad más grande: más tráfico, más servicios, pero sin perder el carácter nórdico.

Me alojé en el Rønvik Marina havn – Bobilparkering, un camping urbano muy básico y con precios aceptables para ser Noruega. Está junto al mar, así que incluso aquí, en una ciudad, puedes despertarte con vistas al agua.
Bodø es la puerta al norte de Noruega y tiene una energía diferente. Aquí termina la línea de tren más septentrional del país. Si quisieras continuar hacia el norte en ferrocarril, no podrías. Más allá solo te queda la carretera, el barco… o el aire. No es especialmente bonita, ya que fue bombardeada en la Segunda Guerra Mundial y tuvo que ser reconstruida casi por completo, pero tiene algunos rincones muy interesantes. Paseé por el puerto, visité el Norwegian Aviation Museum —si te gustan los aviones, es una parada obligatoria— y me acerqué a Saltstraumen, a unos 30 km del centro.
Saltstraumen es uno de los remolinos de marea más potentes del mundo. Ver cómo el agua gira y se retuerce a toda velocidad entre dos fiordos es hipnótico. Si tienes suerte, puedes verlo en su máximo esplendor justo en los cambios de marea.
Islas Lofoten (Reine, Henningsvær, Svolvær)
Embarqué la autocaravana en el ferry hacia Moskenes, en las islas Lofoten. El trayecto en barco dura unas 3 horas y media y te recomiendo reservar con antelación, sobre todo en temporada alta. El viaje ya es una experiencia: ver cómo te vas alejando de la costa continental y se van alzando las montañas afiladas de Lofoten en el horizonte es algo que no se olvida fácilmente.

Nada más llegar a Moskenes, conduje hasta Reine, donde pasé la primera noche en el Reinefjorden Sjøhus, un lugar espectacular junto al agua, con vistas de postal a los picos que se reflejan en el fiordo.
Reine es uno de los pueblos más bonitos de Noruega. ¡Vas a querer hacer fotos todo el rato!. Pequeño, rodeado de montañas, con casas rojas sobre pilotes y olor a mar. Desde aquí puedes hacer rutas de senderismo, alquilar un kayak o simplemente sentarte a contemplar.
Después de visitar Reine, seguí la E10 hacia el norte, parando en Henningsvær, otro pueblo de pescadores con muchísimo encanto, construido sobre pequeñas islas conectadas por puentes.
La última parada en Lofoten fue Svolvær, la “capital” del archipiélago. Es más urbana que los otros pueblos, pero sin perder la esencia marinera. Allí aproveché para hacer una salida en barco hacia el Trollfjord, un estrecho increíble rodeado de paredes verticales. Si tienes suerte, incluso puedes ver águilas marinas sobrevolando la zona.
Una curiosidad que te llamará la atención en todas las Lofoten: los secaderos de bacalao están por todas partes. Son estructuras de madera donde se cuelga el pescado al aire libre durante meses. El olor es intenso, pero forma parte del paisaje cultural de estas islas.
Vesterålen
El trayecto hasta Sortland, el acceso principal al archipiélago de Vesterålen, dura unas 2 horas y media y es bastante tranquilo. Aunque Lofoten suele llevarse toda la fama, este tramo del viaje me sorprendió por su autenticidad: menos turismo, más vida local, más espacio para respirar. Vesterålen tiene un ritmo distinto. Aquí todo es más pausado y la naturaleza manda.
Lo que más disfruté fue conducir por carreteras secundarias sin rumbo fijo, parando en pequeñas playas solitarias, faros y miradores. También es un lugar ideal para ver ballenas. En Andenes, al norte del archipiélago, puedes hacer excursiones en barco para avistarlas durante gran parte del año.
Vesterålen es uno de los pocos lugares del mundo donde puedes ver tanto el sol de medianoche en verano como auroras boreales en invierno, dependiendo de cuándo vayas. En mi caso, tuve la suerte de ver el sol a medianoche desde una cala solitaria, con la autocaravana aparcada a escasos metros del mar. Fue uno de los momentos más mágicos del viaje en AC por Noruega.
Tromsø
Salí Vesterålen y tomé con la autocaravana la carretera 82 hacia el norte hasta enlazar con la E6, y finalmente la E8 en dirección a Tromsø. Este fue uno de los tramos largos del viaje, de unas 5 horas, aunque la variedad de paisajes lo hizo muy llevadero: fiordos, túneles, pasos de montaña e incluso renos cruzando la carretera (si, y debes ir con cuidado).

En Tromsø me instalé en el Tromsø Lodge & Camping, un camping bien equipado a unos 4 km del centro. Tiene buenas duchas, electricidad, lavandería y varias rutas de senderismo que empiezan allí mismo. Además, está junto al río y es muy tranquilo para descansar, pese a estar cerca de la ciudad.
Tromsø es una ciudad especial. Aunque está por encima del Círculo Polar Ártico, tiene un ambiente joven, activo y muy vivo gracias a su universidad y a la mezcla entre cultura moderna y tradición ártica. Paseé por el centro, visité la Catedral del Ártico con su arquitectura triangular tan icónica y subí al teleférico de Fjellheisen para ver la ciudad desde las alturas. Las vistas al atardecer, con el sol rozando el horizonte durante horas, son inolvidables.
Una curiosidad: Tromsø fue conocida como la “París del Norte” en el siglo XIX por su animada vida social, su moda y su sorprendente cantidad de cafés y librerías. Incluso hoy, sigue sintiéndose como una ciudad abierta al mundo, a pesar de su ubicación remota.
Tras disfrutar de esa mezcla entre naturaleza y vida urbana, tocaba adentrarse en la zona más salvaje del viaje: el impresionante Lyngenfjord.
Lyngenfjord
Desde Tromsø continué hacia el este por la carretera 91, tomando un ferry desde Breivikeidet a Svensby, y luego la carretera 868 bordeando el fiordo hasta Lyngseidet. En total fueron unas 2 horas y media de trayecto, contando el cruce en ferry, y cada minuto valió la pena: montañas que caen al mar, agua turquesa y glaciares que asoman entre las nubes.
Me alojé en el Lyngen North, un pequeño camping boutique con vistas directas al fiordo y las montañas Lyngen al fondo. Tiene parcelas para autocaravanas, cabañas y hasta iglús de cristal si decides darte un capricho. Es uno de los lugares más especiales en los que he dormido nunca.
Alucinarás con el paisaje de Lyngenfjord: abrupto, salvaje, puro. Aquí no hay grandes ciudades, solo naturaleza en estado crudo. Hice una pequeña caminata por uno de los senderos señalizados y me crucé con más renos que personas. También hay muchas rutas para bici de montaña y esquí de travesía, dependiendo de la época del año.
Esta zona es uno de los mejores puntos de Noruega para observar auroras boreales durante el invierno, gracias a su orientación y cielos despejados. Aunque yo viajaba en verano, el guía del camping me enseñó fotos que parecían de otro planeta, tomadas desde el mismo camping.
Nordkapp (Cabo Norte)
Desde Lyngenfjord emprendí la última gran etapa del viaje en autocaravana por Noruega, que incluyendo la ida y la vuelta a Barcelona fueron algo más de 30 días. En esta última parada de la ruta es una jornada larga por carretera que me llevó por la E6 rumbo al norte, pasando por Alta y siguiendo hasta Honningsvåg, donde tomé el desvío final hacia Nordkapp. En total fueron unas 8 horas de conducción, con paradas, curvas y mucho paisaje por absorber. Lo viví como una especie de travesía final, un momento para ir asimilando todo lo que había visto hasta ese punto.

Me alojé en el Nordkapp Camping (web en español), situado en Skarsvåg, el pueblo más septentrional de Europa, a solo unos kilómetros del cabo. Es sencillo pero funcional, y desde allí puedes subir con la autocaravana o incluso andando hasta el mítico globo metálico que marca el extremo norte del continente.
Llegar a Nordkapp es una sensación difícil de describir. Más allá del simbolismo geográfico, lo que se siente es que estás en el borde del mundo. El Finisterre del norte. El viento, el silencio, el mar infinito… Aunque técnicamente, Nordkapp no es el punto más al norte de Europa. Ese título lo ostenta el cabo Knivskjellodden, unos kilómetros más al oeste, pero Nordkapp es el más accesible por carretera, y por eso se ha convertido en el lugar emblemático. Aun así, nadie te quita la emoción de haber llegado hasta allí.

Raul Ortega Herrero
- CEO y fundador de Autocaravaners desde 2018.
- Más de 20 años viajando en autocaravana por toda Europa.
- Mecánico profesional y taxista durante 18 años.
- Ha ocupado todos los puestos de dirección en una junta del sector.
